
Creo que hace años he querido escribir sobre esto, veamos cómo resulta.
Mi familia nunca ha sido de perpetuar costumbres en el tiempo, como el almuerzo familiar de los sábados o celebrar las fiestas de cumpleaños, pero algo que si hacíamos era ponerle empeño a la Navidad.
Me acuerdo que todos los años había asado, mi abuela compraba su torta favorita y hasta hacíamos canapés que aunque simples, eran devorados. Me gustaba ayudar a mi nana a cocinar y estábamos ahí todo el día, la idea de estar involucrada en la preparación me hacia disfrutarla más. Con mis hermanos y prima pasábamos todo diciembre practicando una coreografía para nuestro "show navideño", una vez terminamos disfrazados (se supone) de campanas. Y estaba el amigo secreto, en que todos participaban y la idea era conseguir un regalo barato pero con intención, no llevar el obvio chocolate y pensar un poco más en la persona que nos tocaba.
Es una pena ver cómo estas tradiciones se pierden en el tiempo, los años y temperamentos, diferencias de opinión y crianzas han desgastado las relaciones de mi familia, ahora cada uno por su lado preocupado de si mismo.
A lo largo de los años me he dado cuenta de que quienes logran perpetuar simples tradiciones como estas, es porque han logrado mantener unida a su familia, aunque suene profundo o depresivo.